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Una Antorcha con Astros Encendidos

Esta obra extraordinaria ha provocado en muchos lectores una revolución interior. Los misterios del dodecaedro van más allá que Einstein hasta los tiempos opuestos. Recordemos que este libro, publicado en 1.961, preveía principalmente el descubrimiento del tiempo negativo, que va desde el futuro hacia el pasado, descubrimiento hecho por la ciencia hacia los años setenta.

 

LA VIDA SECRETA DE PITAGORAS

Pitágoras ha dejado en el pensamiento griego una huella resplandeciente. Fue el paso de un dios. Las llamas brotan perpetuamente de su memoria e iluminan la filosofía antigua. Es algo parecido a esos misterios del cielo, de donde parten las estrellas fugaces.

Empedocle, Esquilo, Platón, Virgilio, Ovidio, Profire y Jamblique bebieron mucho en este manantial de sabiduría eterna. Salvo, quizás Esquilo, del cual ignoramos su pensamiento profundo, todos le tomaron la idea de la transmigración de las almas, clave del mundo ; Pitágoras tuvo el inestimable honor de revelar esta verdad fundamental a los pueblos helénicos.

Se conoce su vida fulgurante.

Tuvo como maestro el sabio Phérécyde, filósofo visionario, que representaba el universo bajo la forma de un roble inmenso, levantado en el espacio por dos alas de oro.

¡Maravilloso símbolo ! Pitágoras meditó con esta imagen de roble. Planta vivaz, reflejo el mundo, enorme organismo vivo que atraviesa el aliento del alma universal. Zambullida en una ola de endormecimiento, anima el roble sagrado, desarrolla las ramas del mineral, del vegetal, del animal y se despierta de su entorpecimiento en los hombres, esas hojas que tiemblan al sol.

En cuanto a las alas de oro, son el impulso divino del Alma del Mundo, la sed de lo absoluto, la llamada del infinito, la subida grandiosa hacia los astros. Están hechas con el fuego de Prometeo, y nada puede parar su vuelo salvaje.

Por tales meditaciones, Pitágoras encontró sin cesar las fuentes donde brota la vida interior. También, cuando Phérécyde murió, el joven filósofo sintió en él el imperioso deseo de abrazar la verdad. Entonces recorrió el extenso mundo durante su búsqueda.

Comenzó por Egipto, tierra de dioses. Los curas egipcios lo iniciaron en los subterráneos de su templo : la Gran Pirámide. Vio llamear el sol de medianoche y la cara de Hermes cuya palabra mágica crea los mundos. Descifró en la corona de las esfinges fórmulas hoy desaparecidas : ¡Gloria a la Toda-Potencia eterna en el esplendor de las alturas infinitas, y paz a los hombres en el crepúsculo de las profundidades !

Se dirigió luego hacia Caldea dónde, en Babilonia, la ciudad de los magos y de los astrólogos, encontró Ecequiel. El contacto entre estos dos polos del mundo, nadie puede decirlo. La comunicación entre dos almas superiores es el placer más alto que da la tierra. Las chispas pasan y se fecundan mútuamante. Se vive de una forma más exaltada, más profunda. Las cosas exteriores aparecen lejanas como un sueño, la única realidad reside en la esencia de las dos inteligencias. Un pensamiento sutil, un matiz del espíritu parece más positivo que una montaña. Un gozo torrencial alarga el pecho. La sensación que experimentaría un hogar, consciente y devorador, al ver numerosos alimentos que reaparecen sin cesar. Este encantamiento marcó a Pitágoras durante toda su vida…