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El Evangelio de Felipe de Lyon

 

Hablaremos de un maestro del cual os he esbozado su perfil y que se llama Felipe de Lyon. Una serie de magos viene a iluminar la Tierra. La gigantesca evolución no se para en este hombre. No es un camino difícil. Más allá, existe el superhombre que reúne habitualmente en él todas las cualidades del hombre más una nueva. El hombre se eleva hacia el amor, la sabiduría y la belleza. Existe, además, algo nuevo llamado o la intuición, o la inspiración, o la iluminación, o estos tres rayos unidos en una única llama resplandeciente. El verdadero maestro, como consecuencia, no está en contra del hombre, sino que es una prolongación. Representa, actualmente, lo que será la humanidad dentro de tres o cuatro mil años. Está pues claramente más avanzado, en el plan humano de la evolución cósmica. Aparece como el Hermano Mayor, y esto le permite guiar al hombre hacia el camino misterioso y difícil de la iluminación. El trabajo de la Tierra desde hace cuatro mil millones de años, es el de preparar esta inmensa mutación. Es por lo que Dios, el Espíritu cósmico, el Ser infinito, el Maestro absoluto, el Gran Todo, este Ser misterioso y fundamental ha previsto la existencia de superhombres que el mundo ha dispuesto la vida. Esta no se comprende más que con la finalidad de la transcendencia perfecta. Si no, la vida no serviría para nada y no sería más que una especie de inclinación siniestra en las fatales tinieblas. El mundo está hecho según una inteligencia cósmica de la cual se ve claramente la marca en las grandes leyes que mueven los átomos y las galaxias. El maestro del que yo voy a hablaros forma parte de estos superhombres.