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La Copa de Ogmiosa

 

« Si quieres despertarme Ogmios, hay que conquistar la Copa de la inmortalidad en la Tierra del Corazón Viviente… » Es así como el Alma dormida del Mundo pide su despertar al dios celta.

Bardo o poeta intemporal, François Brousse nos lleva a ese mundo raro y maravilloso donde la magia y la poesía colorean el errar de los hombres, la potencia de los héroes y el sueño de los dioses. Este libro, escrito en 1.942, si exalta el genio de la civilización Celta en la época sombría de la ocupación, demuestra con la ayuda de las leyendas, de la Historia, de las tradiciones, la convergencia de todas las búsquedas y el universalismo de las altas doctrinas espirituales.

 

INTRODUCCION

Para explorar la profundidad de las mitologías célticas no disponemos más que de textos truncados y de monumentos misteriosos. Lo que adivinamos nos deja entrever la silueta de una espléndida y viva religión cuyos dogmas se identifican con los dogmas fundamentales de otras creencias profesadas por los pueblos de la Tierra.

 

Dis Pater

Hay primero, nos dice César, un Dis Pater, un « Dios Padre », el antepasado venerado por la raza céltica.

Este Dios enigmático era el centro de las meditaciones de los druidas y un objeto de orgullo para los Galos que presumían de su parentesco divino. Se confunde con Esus, considerado por las tribus del Norte como el manantial primero de todos los dioses. Se parece pues a Júpiter, padre de los dioses y de los hombres.

César declara que la divinidad principal de los Galos es Mercurio, percibido sobre todo como el inventor de las artes útiles, como la potencia civilizadora por excelencia. Habla también de otros cuatro dioses adorados por los Galos : Júpiter, Apolo, Marte, y Minerva. En realidad, ha hecho del único Esus, tres divinidades diferentes : Dis Pater, Mercurio y Júpiter. Pero, con un poco de atención, es fácil reconstituir la unidad fundamental.

El conquistador romano, más hábil en los trabajos guerreros que en las especulaciones religiosas, ha tomado tres formas locales de un mismo Dios para tres dioses distintos ; más o menos como un extranjero ignorante que consideraría la Virgen de Lurdes, la de Lisieux y la de Loreto como tres diosas distintas.