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La Luna, Hija y Madre de la Tierra

Según Nostradamus, el « Nuevo Sabio » debe revelar los secretos de la Luna. ¿Está hecho con el estudio del Poeta-Mesías sobre nuestro pálido satélite ?Una cascada de hipótesis agita nuestras ideas tradicionales. Ennumerémoslas, sin ponerlas bajo la lupa de las reflexiones analíticas y críticas que, sin embargo, no las destruyen.

La Luna nacida de la Tierra hace sesenta millones de años tendría una atmósfera y una vida vegetal y humana abundante. Desgraciadamente, los habitantes de la Luna, al descubrir las energías atómicas, desencadenaron una guerra espantosa donde todo se enterró, el aire, las aguas, las plantas, los animales y los humanos. Los volcanes lunares serían las huellas del cataclismo provocado por la locura selenita.

Las almas de los Lunáticos se reencarnaron entre los monos de los humanoides que, había producido por sus únicas fuerzas, la evolución de la vida terrestre. Esta caída de las almas desencadenó una mutación y gigantes de tres ojos empezaron a pulular por el globo. Se empequeñecieron gradualmente y perdieron su tercer ojo, el de las capacidades intuitivas, mientras que desarrollaban sus capacidades racionales. Nosotros somos los lejanos descendientes.

Dentro de algunos milenios o miles de millones de años, la luna estallará en numerosos fragmentos que formarán un anillo de gloria alrededor de la Tierra, convertida en un nuevo Saturno.

En un plan metafísico, las almas de los muertos van sobre la Luna para purificarse. Las que mantienen muchos deseos corporales o sociales vuelven a encarnarse sobre la Tierra. Las otras, llenas de pensamientos elevados, suben hasta el paraíso solar, donde se deleitan con el conocimiento y el éxtasis.

Terminemos por la hipótesis de François Brousse que pretende resucitar la astrología rechazada por los astrólogos tradicionales. En efecto, estos últimos fundan su creencia en las estaciones. Ahora bien, no son las mismas en el hemisferio sur que en el hemisferio norte. ¡Herida mortal a la teoría astrológica ! El profeta resuelve elegantemente esta dificultad que produce la alegría de todos los adversarios de Ptolomeo. François Brousse nos dice que el sol extiende, alrededor de él, doce zonas magnéticas diferentes, que el conjunto Tierra-Luna atraviesa anualmente.

Los antiguos astrólogos del hemisferio norte habrían descubierto intuitivamente este influjo importante, y sus afirmaciones serían pues válidas para los dos hemisferios. Descartemos el velo de las estaciones para ver únicamente el magnetismo emanado del sol, nuestro vecino prodigioso.